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Don Simón Navarro Alejo, un hombre fuera de serie

¿No qué no?, y “24 horas a caballo”, algunas anécdotas de su vida

      COLOTLÁN, JAL/Octubre 28 de 2016.- Solamente quien goza de excelente salud y vigor físico puede realizar hazañas como la que recordaba de sus años mozos don Simón Navarro Alejo, a quien en estos días muy especialmente tenemos en nuestra memoria por cumplirse hoy viernes 28 de octubre, 100 años de su nacimiento.

       Don Simón Navarro fue apreciado por todos los que lo conocimos por su trato amable y su don de gentes. Era frecuente encontrar en su negocio de carnicería a paisanos que al volver a Colotlán, iban a saludarlo a él y a sus hijos.

      Famoso por ser un buen charro, primer lugar a nivel regional y después participó en congresos nacionales destacando en la suerte de colas. Obtuvo el Primer Lugar Nacional en el evento de Guadalajara en 1949, y nuevamente lo ganó en Aguascalientes en 1957. No obstante todo eso, fue una persona sencilla ya que tenía un corazón muy grande, hasta exponer su vida por salvar la de sus amigos.

      El Sr. Simón Navarro fue hijo de Don J. Encarnación Navarro del Real y de Doña Petrita Alejo. Sus hermanos: Avelino, Herminia, Aurelia, Benjamín, Carmen y José de Jesús (el Güero).

      Nació y creció en el rancho La Trinidad, municipio de Colotlán, Jal., donde desde pequeño aprendió de su papá y su hermano Avelino el manejo de los animales y las labores del campo; muy pronto aprendió a montar a caballo y a los 13 años ya coleaba; así logró gran habilidad para ese deporte y la figura esbelta que siempre conservó.

       Comentaba él que en tiempos pasados a fuerzas se practicaba la charrería porque había que ir al potrero, tan solo buscar al animal que se compraba y traerlo lazado hasta aquí no era tarea para cualquiera; “ahora no, los animales que compramos nos los traen en camioneta hasta la puerta de la casa, así qué chiste” decía.

      Tenía el señor Navarro una forma muy peculiar para colear: después de tumbar el toro volteaba a verlo como diciéndole: “¿No qué no?”.

      Esto me lo hizo notar Conchita Ortega en el rodeo en el que ambas éramos reinas de la Asociación de Charros de Colotlán: ella la saliente y yo la entrante, corría el año de 1959. Don Simón Navarro era además, el único socio que sabía bailar el Jarabe Tapatío, y siempre acompañaba a la reina a bailarlo.

      Debo mencionar que nuestro personaje también desempeñó cargos de carácter político y social en nuestro municipio y a nivel Estado. Así también obtuvo varios reconocimientos en vida y post-mortem.

      En una reunión de su familia alcancé a oír a don Simón hablar de una vez en la que él había caminado 24 horas a caballo sin parar. Pronto busqué un asiento más cercano al suyo en el que pudiera oír claramente su relato, el cual relataré más o menos en los mismos términos:

      -“Trabajaba yo con Don Mauro Huerta. Él era mi tío político porque estaba casado con mi tía Altagracia, hermana de mi mamá. Don Mauro tenía carnicería y seguido salía a los pueblos o ranchos a comprar puercos o reses.

      Un día me dijo: te preparas porque vamos a ir mañana muy temprano a Atolinga. Eran las 3 de la mañana del día siguiente cuando atravesé la calle, pues vivíamos enfrente de su casa, para ir a ensillar los caballos. Mi tío me abrió la puerta y media hora después salíamos con rumbo a Acaponeta y pronto estuvimos en la Ciénega; de allí era mi abuelo materno.

      Con ese antecedente, don Mauro se acordó de cuando en tiempo de la revolución unos tipos entraron a la casa de mi abuelo y saquearon la vivienda llevándose maíz y cuanto encontraron y ya para irse los ladrones gritaron: “y a la noche venimos por estas ojonas”, refiriéndose a mi mamá y sus hermanas que eran muchachas de ojos grandes.

      Seguimos nuestro camino alumbrado por la luna llena que esa noche estaba en todo su esplendor; pasamos  por Dolores y Tulimic y al llegar a Cartagenas mi tío me contó que él había estado en esa escuela; yo le comenté que yo estuve en la de La Isla y que mis maestras fueron Cuca del Real y Crescencia Alejo, y mis compañeros eran sus hijos, los Huerta, y Antonio Sánchez. Las largas horas de camino no se hicieron tediosas por la plática amena de mi compañero.

      Cuando apenas amanecía pasamos por Romita y San Francisco y como a las 8 de la mañana bajamos al pintoresco pueblo de Totatiche; buscamos la fonda de doña Petra y allí almorzamos. Luego visitamos a don Teófilo Jara, un amigo de don Mauro que le sabía vender animales; lo saludamos a él y también a sus guapas hijas, Maura, Ma. de Jesús y Baudelia.

      Serían las 12 del día cuando retomamos el camino para llegar a nuestro destino. Al pasar por un rancho vimos 3 caballos del mismo color, colorados, y me acordé de los caballos del General Quintero. Se lo conté a Don Mauro aunque él ya sabía parte de la historia:

      Resulta, que a ese general le rentaron el rancho La Trinidad para 10 caballos de la federación y mi papá los estaba amansando porque él sabía hacerlo, pero sucedió que en la  noche, los cristeros se llevaron los cuacos. Entonces el general fue a la Hacienda de La Encarnación y compró otros 10 caballos, todos de un mismo color y los amansamos. 

      Al fin llegamos a Atolinga, don Mauro compró los puercos y los mandó andando; allí comimos y emprendimos el regreso. Bajamos a una barranca y subimos a Villa Guerrero. Estábamos a la orilla del pueblo cuando vimos a Rosendo Velasco que venía en su troca de regreso para Colotlán; cuando le platicamos en lo que andábamos le ofreció un asiento para que se regresara con él. Don Mauro aceptó muy agradecido y me encargó: cuando acaben de comer los caballos ensillas el mío (que tenía bonito paso) y te vas a Colotlán porque mañana hay que levantar la manteca.

      Así lo hice, caminé algunas horas estirando mi caballo y al pasar por Acaponeta en parejo del panteón, sonaron las 3 de la mañana…” Hasta aquí parte de la amena plática de aquel colotlense que destacó en el comercio y que supo ganarse el aprecio y respeto de propios y extraños, sea por su actividad charra y de campo, o por su modo honesto de vivir.

      Don Simón Navarro fue presidente del Partido Revolucionario Institucional durante 25 años. Fue miembro fundador de la Asociación de Charros de Colotlán, miembro de la Asociación Ganadera y destacado miembro de la comunidad agraria de este lugar.

      Don Simón Navarro Alejo murió en Colotlán, Jal., el día 17 de noviembre de 2012. Le sobreviven sus hijos: Héctor y Guillermina de su primera esposa, la señora Dinazar Ávila; y Velia, Simón, Norma, Sergio, David, Patricia y Claudia, de su esposa Estela Núñez. Su hijo mayor, Claudio, visto bajo el criterio nuestro, murió a temprana edad. Que ambos descansen en paz.

Profra. Ana María de León Sánchez.

 

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